
Si usted tiene criterios favorables a la Revolución Cubana y por una razón u otra decide compartirlos en las redes sociales, es muy probable que en algún momento se convierta en objeto de una crítica irascible. Y ninguno de los que hacen alarde de defender los derechos formales de las democracias liberales, como el derecho a la libertad de expresión, saldrá en su defensa. Puede realizar la prueba. No importa si usted se identifica cabalmente con el sistema político cubano o si tan solo reconoce aspectos que considera dignos de destacar; si tiene una militancia política o simplemente está compartiendo una opinión con base en su propia experiencia de vida. Siempre habrá quién o quiénes lo descalifiquen y/o agredan verbalmente y, entonces, es muy probable que la próxima vez que usted desee comentar algo, lo piense dos veces antes de hacerlo.
Instituciones y organizaciones políticas y de masas en nuestro país deben seguir ampliando y profundizando la agenda de debates sobre las problemáticas que afectan a los cubanos, pero no debemos dejar que estas problemáticas sean capitalizadas por aquellos cuyos intereses se definen en el ataque constante a la alternativa socialista en Cuba, por todo lo que la defensa de esa alternativa representa para el presente y el futuro de nuestra Isla. Nunca podremos cansarnos de denunciar esas hegemonías silenciosas que, a través de voces disfrazadas de innovadoras, independientes y diversas, nos intentan imponer un solo modo de ver el mundo, el mismo que ha prevalecido por más de cinco siglos sin que tenga hoy nada nuevo que mostrarnos.


